La espectacularidad en las campañas electores de Estados Unidos no es ninguna novedad. Por ejemplo, no nos sorprende que la gobernadora de Alaska acuse al candidato demócrata de “amigo de los terroristas” o que nos asegure que en su campaña ha habido irregularidades en la recaudación de fondos.
Esta espectacularidad es una de las estrategias principales de los partidos. Tan sólo hay que acordarse de cuando Hillary Clinton aseguró que había vivido un episodio casi “bélico” en un viaje a Bosnia donde iba como primera dama cuando su marido era presidente de los Estados Unidos.
Pero ¿los estadounidenses se creen todo lo que dicen sus políticos? Me cuesta creer que una persona decida cambiar su voto después de oír las acusaciones de Sarah Palin contra Obama. Es evidente que el demócrata no es amigo de los terroristas y más, teniendo en cuenta que éste es un tema bastante delicado para los norteamericanos.
Si la gente no se deja influir por estos comentarios, ¿cómo es que la política americana está repleta de ellos? En España no podemos imaginar ningún caso como el de Hillary Clinton, que se inventó una aventura para ganar votos.
Supongo que tal vez todo este espectáculo se deba a la intensidad con la que se vive la campaña electoral. Aunque desde nuestra perspectiva cuesta entender esa postura.
Esta espectacularidad es una de las estrategias principales de los partidos. Tan sólo hay que acordarse de cuando Hillary Clinton aseguró que había vivido un episodio casi “bélico” en un viaje a Bosnia donde iba como primera dama cuando su marido era presidente de los Estados Unidos.
Pero ¿los estadounidenses se creen todo lo que dicen sus políticos? Me cuesta creer que una persona decida cambiar su voto después de oír las acusaciones de Sarah Palin contra Obama. Es evidente que el demócrata no es amigo de los terroristas y más, teniendo en cuenta que éste es un tema bastante delicado para los norteamericanos.
Si la gente no se deja influir por estos comentarios, ¿cómo es que la política americana está repleta de ellos? En España no podemos imaginar ningún caso como el de Hillary Clinton, que se inventó una aventura para ganar votos.
Supongo que tal vez todo este espectáculo se deba a la intensidad con la que se vive la campaña electoral. Aunque desde nuestra perspectiva cuesta entender esa postura.
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